Su joven esposa había fallecido junto a su hija más pequeña, por falta de atención médica. Los otros niños, quedaron al cuidado de una bondadosa vecina.
Un familiar que hacía ya un tiempo vivía en Argentina, le envió una carta invitándolo a que se embarcara hacia allá. Santiago vendió lo poco que le había quedado y reunió el dinero para los pasajes en barco.
Como los niños estaban muy encariñados con Ana, la vecina, la invitó a "la América" con ellos. Ella había perdido a toda su familia en la guerra y estaba sola.
Además, Santiago le propuso matrimonio y así Ana fue su esposa y la madre de sus pequeños.
Entonces se embarcaron en tercera clase y viajaron durante muchos meses.
Al fin llegaron al puerto de Buenos Aires y desde allí se trasladaron por tierra hasta San Pedro, un poblado en las costas bonaerenses del río Paraná. Santiago encontró trabajo de puestero de una estancia en la zona rural.
Y fue así que comenzaron una nueva vida.
Al poco tiempo, Santiago y Ana, viajaron a la capital para hacer los trámites de la ciudadanía argentina.
Y sucedió una situación rara para ellos, que dominaban apenas el idioma español y no conocían demasiado la cultura y las costumbres del lugar. Estaban en las calles de la ciudad de Buenos Aires y de repente, se toparon con una multitud que lloraba y se lamentaba y decía: "ahí lo traen, ahí esta llegando" y lógicamente ellos no tenían ni idea de lo que sucedía.
Luego Santiago preguntó a la gente y resultó que estaban trayendo los restos del cantante de tango Carlos Gardel. Era el año 1935.
Bueno, la pequeña inmigrante se llamaba Teresa y era la penúltima de cuatro hermanos (la más pequeña había muerto en Italia). Era una niña muy especial y traviesa.
Pasaron los años y Teresa conoció a un buen hombre llamado Mario. Ella tenía 19 años y él era unos diez años mayor. Ambos se enamoraron y se casaron.
Mario había aprendido a leer y a escribir, a hacer cuentas, un poco de historia y geografía y otras cosas básicas, siendo ya un muchacho grande, con la ayuda de un maestro jubilado. Y luego él le enseñó a Teresa porque ella tampoco había ido a la escuela.
Al correr el tiempo fueron naciendo sus siete hijos. Teresa fue una mujer muy inteligente. Ella cocinaba muchas recetas, cosía la ropa para toda la familia, trabajaba en el campo junto a su marido, luchó mucho para que todos sus hijos fueran a la escuela, era gran devota de la fe católica y muy solidaria con su prójimo.
Su padre Santiago dejó este mundo apenas pasados los sesenta años. Padecía de cáncer y las pesadillas del horror de la guerra no lo abandonaban. Murió abrazado a una cruz y sin ninguna medicación.
Fue un hombre de mucha fe la cual ella compartía.
Y por cosas del destino, Teresa también sufrió el cáncer y eso la llevó a la muerte. Y también tenia un poco más de sesenta años.
La pequeña inmigrante que teniendo tan sólo seis años, viajó en barco desde Italia hasta Argentina, y que de adulta le tenía miedo al agua, que era una mujer capaz y decidida; que amaba a su familia; que era generosa y piadosa; que siempre estaba para todos; que hacía las mejores pastas del mundo; que tejía al crochet y con dos agujas y sus trabajos parecían hechos por una máquina; que cocinaba los panes dulces más exquisitos que probé en mi vida; (y muchos otros bellos recuerdos que les podría contar), era mi abuela, mi nona.
💓Mi amada nona Teresa, siempre estarás en mi corazón💓














