La misma frase venía repitiéndose día tras día: "Me voy de casa".
Era así como Tomás le hablaba a su esposa desde hacía largo tiempo y se comportaba de manera distante.
Ya no disfrutaba el estar con ella en la intimidad, no compartía las comidas, no tenía voluntad para nada, se disgustaba y no salían juntos a pasear. La pesada rutina, los problemas económicos y familiares, y demás asuntos sin resolver, hicieron que hubiera un terrible desenlace.
Una mañana después del desayuno, Tomás empezó a guardar su ropa en una vieja valija. Su esposa le preguntó que hacía a lo que él le contestó: "hoy me voy de casa, estoy cansado y no quiero seguir junto a ti".
Por más que Nora insistió y le rogó, no pudo detenerlo. La decisión era firme. Tomás se marchó y su esposa se quedó llorando.
Al principio creyó que se iba por unos días, pero no fue así.
Ella pensaba que quizás él tendría otra mujer y eso la atormentaba. Además los doce años juntos no era para arrojarlos al basurero.
Por ésta causa Nora entró en una fuerte depresión. No quería salir de la casa, no se arreglaba y estaba hundida en la más profunda de las tristezas. Su hermana Emma hizo hasta lo imposible por ayudarla y le consiguió un trabajo.
Poco a poco Nora salió adelante. Le costó bastante valerse por ella misma, ya que su esposo era el sostén económico y todas las decisiones de la casa pasaban por él.
Luego de varios meses y de no tener noticias de Tomás, ella, preocupada; preguntaba y preguntaba; y nadie le daba razones acerca de él.
Al irse le había dicho que le enviaría la demanda de divorcio, pero nunca la recibió.
Nora se había refugiado en los brazos de Dios y cada noche pedía por ella y por su esposo. Tenía la fe suficiente de que volverían a estar juntos, de que corregirían los errores cometidos en el pasado y de que serían mejores de lo que fueron antes.
Mientras tanto, Tomás al separarse de Nora, se había entregado a beber alcohol y a las salidas. Cada noche después del trabajo, iba a una fiesta diferente y vivía descontroladamente.
La última vez que salió, se emborrachó a más no poder y subió al auto y lo puso a máxima velocidad en la ruta. Luego de andar unos kilómetros, chocó con la parte trasera de un camión cargado de cemento. Debido al accidente, tenía múltiples quebraduras y estaba inconsciente.
Fue trasladado a un centro asistencial y su estado era reservado.
Y así fue como al cabo de un año, Nora fue avisada de lo que le había ocurrido a Tomás. No sabía que hacer ya que la familia de él la había culpado por la separación. Estaba indecisa.
"¿Qué hago? ¿Me presento en el hospital? ¿Y si me echan?", se decía. Pero en ese instante sonó el teléfono y, del otro lado de la línea, estaba el hermano de Tomás suplicándole que fuera a visitarlo.
Ella salió rápidamente y en breve estuvo en el hospital.
Al ingresar a la habitación, Tomás recobró el conocimiento y, al verla junto a él, comenzó a llorar y a pedirle perdón.
Durante el tiempo que estuvieron separados, descubrió lo que ella valía y lo buena esposa que era. Estaba muy arrepentido por haberla abandonado. Además con el accidente, él pensó que se moría y se sintió muy culpable por todo.
Nora también reconoció sus errores. Ambos lloraron mucho, se abrazaron y se perdonaron.
Pasado unos días, Tomás se recuperó, fue dado de alta del hospital y regresó junto a su esposa.
Todo fue diferente desde entonces. Los dos habían aprendido una gran lección y eran mejores que antes, más amables, más cariñosos, más comprensivos y por sobre todo, más llenos de amor el uno para con el otro.
Y para completar aún más su felicidad, tuvieron dos hijos maravillosos que eran un verdadero regalo de Dios.