La jornada había comenzado tranquila pero bastante triste. Hacía solo unos pocos días que su bebé había nacido sin vida...
A pesar del dolor, su esposa se había refugiado en los amorosos brazos de Dios, creyendo que su pequeño estaba en el cielo y era un ángel que desde allí la cuidaba.
Pero él no compartía la misma fe. Se consideraba ateo y su hijito estaba bajo tierra, cubierto con una fría lápida de cemento.
El recuerdo de su niño lo atormentaba... Mientras conducía, las lágrimas cubrían su entristecido rostro.
Pensaba, pensaba y pensaba... ¿Por qué? Se preguntaba y no hallaba respuestas...
De pronto, en el asiento del acompañante, apareció...
Allí estaba... su bebé... mirándolo... y con una bella sonrisa dibujada en su angelical rostro...
¿Estaría soñando?... ¿Estaría imaginándolo?... No lo sabía... Pero estaba ahí... a su lado... acompañándolo durante el largo viaje...
Esto le produjo una ligera sensación de paz y de tranquilidad...
Al amanecer, había desaparecido y el corazón de Efraín estaba en calma... Se sintió feliz...
Durante los siguientes meses y cada vez que viajaba en el camión, su pequeñín estuvo junto a él y fue su fiel e incansable compañero de viaje.










