Una madre acuna a su pequeño niño en sus cálidos y seguros brazos. Le da palmaditas en la espalda procurando relajarlo y lo pasea por la apacible habitación.
De repente, comienza a tararear una dulce melodía, creando un bonito ambiente de paz y de armonía. Su dulce voz arrulla al retoño y lo conduce por el camino del descanso.
Ella toma su manita y, al cabo de unos minutos, logra que su chiquito concilie el más apacible de los sueños.
De pronto se queda en silencio mirando a su niño y, acariciándole la cabeza con mucha ternura, lo acuesta cubriéndolo con una suave y abrigada manta.










